miércoles, 6 de marzo de 2013

El último coletazo de la era de Piscis POR PEDRO GONZALEZ SILVA

El último coletazo de la era de Piscis Neptuno es el planeta de las ilusiones, misticismo, musicalidad, experiencias extrasensoriales, dogmas, fe (aquello en lo que se cree aunque no se vea), y todo lo que resulte etéreo, confuso y con tendencia al fanatismo. En estos momentos Neptuno está más fuerte que nunca, está en su casa, en Piscis, y allí estará un largo tiempo, fortaleciendo las energías piscianas, que pertenecen a una era que está concluyendo, pero que todavía trae coletazos que pueden ser bastante vigorosos. La era de Piscis se asocia a la era cristiana, la era de la fe ortodoxa. En este marco, la renuncia del Papa pone en el tapete la historia de la Iglesia Católica, en lo positivo y lo negativo, y así como se habla de un Sumo Pontífice que se aparta para dar paso a nuevos tiempos donde se requiere de un líder espiritual en condiciones físicas vigorosas, también se mencionan tímidamente, asuntos turbios, ocultos, que forman parte de la historia del Vaticano y que parecieran mantenerse vigentes. Este tiempo en el que Piscis está en su máxima expresión, con seis astros transitándolo: Neptuno, Venus, Quirón, el Sol, Mercurio en retroceso, y Marte, no es de extrañar que afloren con fuerza los rumores, las confusiones, los engaños, la incertidumbre, aunque también la creatividad, la inspiración, la fe, el misticismo… La influencia de Neptuno, fortalecido en el signo al cual rige, trae influencias creativas, inspiradoras, videncia, una sensibilidad especial para la psicología o la medicina, religiosidad. Ocasiona que las ideologías se tornen rígidas, que no puedan ser objeto de crítica pues son casi enunciados divinos, verdades inmutables. Su tendencia evasiva también nos conecta con las mentiras, las drogas y hasta la locura. En 1846, año en que fue descubierto Neptuno, estaba en apogeo el romanticismo como corriente cultural y artística, y también como ideología dominante; Neptuno aportó una atmósfera de ensueño, dulce, engañosa y llena de distorsiones; fue un momento de aparente calma, en el que se exaltaron los máximos valores artísticos, filosóficos, sentimentales y espirituales, pero paralelamente y de manera subterránea, se gestaba un movimiento tan importante como el marxismo, que inadvertidamente llegaría a cambiar el orden social y político, y al igual que una religión, las ideas comunistas no admitirían disidencia.

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